La Maldicion de las Momias

Aunque algún purista dirá que en realidad no son momias sino “cadáveres congelados”, el usual hallazgo de cuerpos en las alturas andinas se ha convertido en toda una especialidad y su exhibición en un pingüe negocio para las instituciones involucradas. El descubrimiento en 1996 de la momia “Juanita” (grotesco nombre, diría Gustavo Búntix) en las alturas del Ampato en las cercanías de Arequipa causó uin verdadero despliegue de medios y publicaciones. Largas colas se concentraron en los alrededores del convento de San Francisco para poder apreciar el cuerpo, luego de que fuera estudiado minuciosamente aquí y en el exterior, éstas se veían acompañadas de protestas de los pobladores del valle del río Colca (que se consideran los únicos y verdaderos “dueños y custodios” de la adolescente muerta), y hasta de bizarras ceremonias de chamanes rogando porque el “Apu” Ampato nos perdone el haberle sustraído su ofrenda y deje de castigar a la ciudad con desgracias (la caída de aeronaves, desastres naturales varios y la tragedia del Puente Grau parecían darles la razón).
Pocos años después, los mismos arqueólogos que descubrieron a la Dama del Ampato, sorprendieron al mundo con el descubrimiento de otras ofrendas humanas en el nevado Llullallaico, en las inmediaciones de Salta en Argentina.. En este caso se trataba de tres cuerpos de niños sacrificados a una deidad díscola y sedienta de sangre joven. Lo impresionante de este hallazgo fue que los cuerpos mantenían un porcentaje muy alto de humedad lo que les daba la inquietante sensación de niños recién dormidos. Los rostros de estas momias dieron la vuelta al mundo gracias a una oportuna portada en el National Geographic.

Sin embargo, estos no han sido los primeros o únicos hallazgos de seres humanos sacrificados a montañas en el mundo andino. El aparataje mediático que acompañó el descubrimiento del Ampato no refrescó la memoria de que en Arequipa y otras zonas andinas se han venido dando este tipo de hallazgos desde hace mucho.
Particularmente, a finales del siglo XIX se descubrieron varios sacrificios humanos en las alturas del Chachani en Arequipa, lamentableme
nte saqueados y perdidos de manera irremediable. Ya en el siglo XX se realizaron sendos descubrimientos en Chañi y Chuscha, cerca a Salta en los Andes argentinos. En 1954 en las inmediaciones de Santiago de Chile, en el cerro El Plomo se halló el cuerpo congelado de un niño magníficamente conservado con un modesto ajuar. A inicios de la década del 60′ en las alturas del Pichu Pichu también se halló más sacrificios al igual que en las alturas del Coropuna (que para más señas fueron dinamitados). Por desgracia, gran parte de estos descubrimientos se han perdido para siempre por los saqueos, robos, inania de las autoridades o simple indiferencia de las instituciones encargadas de su custodia.

Los posteriores estudios arquelógicos en el volcán Sara Sara (1996) o en el Misti (1998) por ejemplo, no han merecido toda la atención mediática que sí tuvo el cuerpo y el ajuar de la Dama del Ampato. Creo que merece la pena abrir un espacio de debate acerca de la pertinencia del saqueo académico (que igual es saqueo) y el desplazar estos cuerpos de seres humanos a contextos diferentes a los de su entierro. No creo que la exhibición casi morbosa de un cadáver de una persona sea un objetivo en sí mismo. Opino que si bien el estudio de estos restos da muchísimas luces sobre nuestro pasado universal (descubrir por ejemplo que la Dama del Ampato tenía como ancestro directo y reciente a un miembro de la tribu Ngobe de Panamá, gracias al estudio de su DNA), es necesario mantener también los contextos culturales en los que este entierro se dio. Fotografiar, reproducir el ajuar y mostrar a los interesados estos maravillosos momentos de nuestro pasado creo que vale la pena. Devolver los cuerpos sería un gesto de profundo respeto a nuestro pasado. Y así no veremos a las comunidades andinas tanto de Perú como de Argentina atribuyendo sequías, sismos y desgracias al robo de su patrimonio cultural. La maldición de la occidentalización no tiene que ser aplicado ni a las momias ni a nuestros pueblos.